Hace dos años, mi esposo, mi hijo y yo decidimos que queríamos ir a Disney en el verano. Recortamos unos cuantos gustitos y logramos ahorrar durante 6 meses, para así guardar el 50% de los ingresos a nuestro hogar.
Meses después, logramos hacer ese maravilloso viaje, de la forma más holgada y sin preocupaciones.
La realidad era, en aquel entonces, que aunque teníamos muchos gastos, todo estaba bajo control, alcanzaba bien y el trabajo que tenía nos dio esa gran oportunidad.
Un año después supimos que esperábamos a una personita quien hoy por hoy ilumina nuestras vidas de maneras indescriptibles.
Con su llegada y mi salud tan inestable como la economía mundial, decidimos invertir papeles para que con esa misma cantidad de ingreso que nos permitió viajar, mi esposo fuera el que trabajara y yo me quedara en casa.
Ahora, con ese mismo ingreso, me temo que las cosas son distintas en una situación económica que creo no haber vivido antes.
Con todo y que tenemos un ingreso fijo en casa por parte de mi maravilloso esposo, pareciera que nunca el dinero es suficiente.
Esto no lo escribo como una queja, sino como una observación que se ha vuelto una constante en nuestro país.
Con cada mes que pasa, buscamos nuevas oportunidades para eficientar gastos, y de la misma forma veo que eso ha hecho que de manera paralela busquemos generar mayor ingreso.
Recuerdo que en una de mis clases de la universidad nos enseñaron que un emprendedor nunca piensa en qué va a gastar su tiempo, dinero o talento; al contrario, piensa en qué va a invertir esos tres tesoros para generar retorno.
Pensando en esto, conforme la situación económica se ha ido apretando en nuestro hogar, hemos sido inspirados a prosperar.
Es difícil de confesar, pero a menor comodidad mayor creatividad.
Me molesta un poco cuando pienso exclusivamente en mi persona, pero sólo a mayor presión he generado mayores resultados.
Recién me retiré del trabajo, nuestros ahorros para un viaje que estaba en puerta nos sostuvieron cómodamente durante todo el embarazo y unas cuantas semanas después. En ese entonces no pensaba de qué forma podía generar un ingreso, qué era viable como negocio, por que veía la carencia como una variable improbable de sucedernos.
El tiempo pasó, los ahorros se terminaron y el costo por persona en todos los ámbitos se encareció.
Que sube el huevo, que vuelve a subir la gasolina, que encareció esto y el otro.... y así llegamos al punto de hoy, donde a pesar de un esfuerzo inmenso por administrar nuestros recursos, el dinero simplemente no alcanza.
Les platico un poco cómo la presión económica logró ser directamente proporcional a la creatividad y energía invertida en generar ingresos para nuestra familia:
Paso 1. Ahórralo - Esto fue motivado por un viaje que hermosamente se convirtió en nuestro embarazo y parto.
Paso 2. Evita gastarlo - Decidimos no gastar en fórmula, pañales ni ropa para nuestro bebé, así como dejar de gastar en gustos y entretenimiento. Esto se resolvió al dar pecho, usar pañal de tela y aprender a hacer prendas básicas para el peque, dejar de salir a comer a restaurantes, contratar servicios como Netflix y pedir el súper en línea para evitar tentaciones.
Paso 3. Reciclar recursos: Así como se lee, desde aceptar ropita usada para nuestro bebé hasta organizar la parte de comidas entre dos familias para rendir mejor el dinero invertido.
Paso 4. Tener fe en que Dios provee: Cuando ya has recortado gastos por todas partes y no ves cómo hacer rendir el dinero para comer y moverte mañana al trabajo, créeme, oras, pides un milagro y realmente Dios hace llegar comida y dinero a la mesa. No me pregunten cómo por que tiene formas mágicas de trabajar, pero mi Dios siempre ha proveído.
5.Bueno, ahora pon de tu parte, ¿no?: Dios ciertamente provee, pero eso no significa que buscas el sillón más cómodo, oras todos los días en todo momento y extiendes la mano. ¡Nuestro Señor nos dió esa mano y muchas otras bendiciones para ponernos a trabajar! Así es que en esta etapa es cuando le pides a tu ardilla creativa que comience a girar. Te haces preguntas como: ¿Qué más se hacer, que lo haga bien?¿Lo puedo ofrecer?¿Alguien pagaría por eso?¿Qué necesito invertir: tiempo, dinero, material que ya tengo?¿Qué tan rentable sería?
¡Y bum! La ardilla ya está trabajando.
Paso 6. Impleméntalo: En esta etapa, eliges la opción más cómoda y viable. Un negocio que te permita atenderlo sin descuidar todo lo que ya tienes. Lo bajas en papel, lo desarrollas e implementas...pero recuerda que esta, tu primera opción es la que consideraste más fácil de implementar. En mi caso fue abrir una escuela de idiomas en línea, que no requiere mucho tiempo, dinero ni trabajo físico. Sólo es emplear mis conocimientos de docencia y mezclarlos con una buena dosis de marketing y comunicación...pero olvidé que un negocio toma tiempo en arrancar.
Paso 7. Así es que aún no ves ingresos adicionales...pones a tu ardilla a girar un poco más rápido: En lo que tu iniciativa comienza a rendir frutos, encuentras como opción el trueque. En mi caso ha sido intercambiar servicios de comunicación por gastos como el colegio, servicios de fotografía, etc.
Paso 8: Aún no ves ingresos y ahora alcanza menos...vendes panqués: Leíste bien. Tienes un ingreso fijo + un ingreso adicional que rendirá frutos en un futuro mediano y lejano + un ingreso inmediato. Hoy me aventuré a salir a vender panqués con el fin de triplicar el dinero que tenía para terminar el día (el cual te prometo no cubría más que un kilo de huevo y un litro de leche).
El aprendizaje de todo esto me ha maravillado y confrontado enormemente: descubrí que siempre hay otra opción, que Dios también bendice con trabajo físico y que sí se vender (despejando un tabú personal con el que he cargado en los últimos años).
Sí se puede, siempre se puede ser más creativo, y nada está escrito.
Esta combinación es la que usaré ahora, la economía del panqué, para no sólo salir a flote de la opresión económica, sino para apoyar a mi esposo en levantar a nuestra familia, a poder ayudar nuevamente a los que se encuentran como nosotros y a poder soñar juntos muchas experiencias magníficas que nos faltan por vivir.
Y tu, ¿ya has aplicado la economía del panqué?