Wednesday, September 4, 2013

Huracán verde

Son las 4 de la tarde, y después de una mañana sabatina bastante ajetreada decidimos pasar el resto del día en casa, tranquilos y sin presiones. 

Queremos ya comer, por lo que comienzo a darle a mi peque su papilla de espinacas. Todo fluye, está por acabársela y de pronto, se encuentra con un pedacito que no alcanzó a ser molido.

Es entonces, como en cada espacio de la maternidad, cuando comenzaron unos de los dos minutos más caóticos de mi semana (así es, son frecuencias en nuestra vida diaria). 

Lo cargo para quitarle ese pedacito, vomita sobre mi (como adulto de película de terror) y en lo que volteo a verlo, siento el brazo humedecido con lo que alcanzó a salirse de su pañal (diarrea en toda la extensión de la palabra). Comienza a llorar, lo llevo al baño para que termine de vomitar, le limpio un poco la carita porque alcanzó a salir por su nariz. Llora más, se retuerce para que no le toque la carita y se termina de salir lo de su pañal. Se escurre eso sobre mi brazo y hacia mi ropa. Quiero llorar, no esperen, ahora quiero vomitar, pero recuerdo que me tengo que enfocar en el pequeño huracán verde.

Nos quito toda la ropa, nos metemos a bañar y ahí, desacelerando el ritmo, nos vamos tranquilizando, dejándonos llevar por el masajito del agua y por ver que fue una explosión momentánea, que todo está bien y así, sin más, comenzamos a jugar.

Después de ese maravilloso baño, salimos, nos vestimos y nos dormimos, un tanto agotados por la bomba de energía que usamos pasa sobrevivir el momento y otro tanto por el gusto de jugar y olvidarnos de todo.

No me pregunten cómo quedaron el comedor y el baño...eso es...bueno, luego les cuento.

No comments:

Post a Comment